En 1990 María Eva concretó la separación matrimonial que ya se había producido a nivel espiritual desde hacía tiempo. Comenzó a trabajar de administrativa en una clínica y conoció a quien habría de ser su segundo esposo: Santiago.
Con él se casó dos años más tarde. Juntos pusieron un comercio de productos sueltos, posteriormente una rotisería, pero ella descubrió que no tenía habilidad ni constancia para manejar un comercio y decidió cerrarlo, con una gran pérdida económica.
Poco después inició su trabajo periodístico en un periódico local. Esta tarea le resultó apasionante y pronto pasó a ser secretaria de redacción y empezó a ser reconocida por su labor en la ciudad donde reside.
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