María Eva inició sus estudios secundarios en el Liceo Nacional de Señoritas Nº9, de Belgrano R. Tuvo que pasar un examen de ingreso, en el que obtuvo uno de los más altos puntajes, y esto le permitió elegir el idioma que quería estudiar en sus primeros 3 años de la secundaria. Optó por el inglés, porque le permitía estudiar también latín, que le generaba una gran curiosidad.
A esta escuela asistían muchas señoritas de la colectividad judía, entre ellas una de nombre Sara, con la que Eva inició una feroz competencia por lograr las mejores notas.
Un mes ganaba Eva, el otro, Sara. Pero por tener algunas décimas menos de 7 en alguna materia, ninguna de las dos llegaba a ocupar el Cuadro de Honor. A fin de año, María Eva logró la preciada distinción: fue al cuadro de honor, donde permaneció su nombre hasta el año siguiente.
Para ese entonces, ella se había enamorado por primera vez en su vida. Como corresponde a su personalidad, fue un amor imposible.
"El" era un joven ingeniero judío que estaba dirigiendo la construcción de una obra al lado de la casa familiar de María Eva. Este hombre jamás reparó en ella, una chica gordita de 13 años, con acné, demasiado tímida como para atreverse siquiera a saludarlo.
Ahora, aquel ingeniero tendrá cerca de 80 años y vaya Dios a saber qué ha sido de su vida...
Como testimonio de la imagen de esta Eva adolescente, hay una fotografía en la que aparece con sus hermanitas, por entonces de unos 6 años.

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